Page 481 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Las  piernas  se  compilaron  con  rapidez,  los


              complicados  pies  requirieron  un  poco  más.


              Cuando estuvo lista, Hackworth liberó el vacío y


              abrió la puerta.





                 —Pliégate —dijo.





                  Las patas de la cabalina se plegaron y se quedó


              en el suelo del C.M.; su estructura se contrajo todo


              lo que pudo, y el cuello se acortó. Hackworth se


              inclinó, puso los dedos alrededor de la estructura,


              y levantó la cabalina con una mano. Atravesó la


              entrada de la oficina de correos, pasando al lado


              de sorprendidos clientes, y salió a la calle.





                 —Montar —dijo.





                  La  cabalina  se  colocó  en  cuclillas.  Hackworth


              pasó una pierna sobre la silla, que estaba cubierta


              de  algún  material  elastométrico,  y  sintió


              inmediatamente  que  lo  levantaba  en  el  aire;  las


              piernas  le  colgaron  hasta  que  encontró  los


              estribos. Un apoyo lumbar se apretó contra sus


              ríñones,  y  entonces  la  cabalina  se  movió  por  la


              calle y se dirigió hacia la Altavía.





                  No se suponía que debía hacer eso. Hackworth


              estuvo  a  punto  de  decirle  que  parara.  Luego


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