Page 487 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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insulto a los perros, que evidentemente sufrían de


              graves pérdidas auditivas.





              —Muy bien —dijo—. ¿A quién buscáis?





                 —A  un  hombre  llamado  Brad.  Un  herrero.


              Trabaja  en  un  establo  del  Enclave  de  Nueva


              Atlantis, cuidando de los caballos.





                 —Le conozco bien —dijo el condestable—. Será


              un  placer  telefonearle  en  vuestro  nombre.


              ¿Entonces... sois amigos suyos?





                 —Nos  gustaría  creer  que  nos  recuerda  con


              amabilidad —dijo Nell. Harv se volvió y le hizo un


              gesto por hablar de esa forma, pero el condestable


              se lo estaba tragando.





                 —La  mañana  es  fresca  —dio  el  condestable—.


              ¿Por qué no os unís a mí en la portería, donde se


              está cómodo y agradable, y tomamos algo de té?





                 A  cada  lado  de  la  puerta  principal,  la  verja


              terminaba  en  una  pequeña  torre  de  piedra,  con


              pequeñas  ventanas  en  forma  de  diamante


              encajadas en las paredes. El condestable entró en


              una de ellas, a su lado de la verja, y luego abrió una


              pesada puerta de madera con inmensas bisagras de


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