Page 747 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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pero creo que no sería adecuado para mí reco‐
rrer el camino recto y estrecho. Ahora voy a
China a buscar fortuna.
—Bien —dijo el condestable Moore—,
guárdate de los Puños —su vista vagó por su
armadura sucia y castigada y acabó en el yelmo
flotante—. Ellos se acercan.
Los mejores exploradores, como Burton,
realizaban todos los esfuerzos posibles para
encajar. En el mismo espíritu, Nell se detuvo en
un C.M. público, se quitó el vestido y compiló
nuevas ropas: un mono azul marino muy ceñido
con la frase ESAS COSAS PASAN en parpa‐
deantes letras naranja. Cambió sus viejas ropas
por un par de autopatines en la costa y se dirigió
a la Altavía. Se elevó suavemente en el aire
durante unos kilómetros, y luego a sus pies
apareció la Zona Económica de Pudong, y
Shanghai más allá, y de pronto comenzó a ganar
velocidad y tuvo que desconectar el apoyo
energético de los patines. Ahora había
atravesado la línea divisoria. Nell estaba sola en
China.
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