Page 742 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
P. 742

se  había  quedado  atrapado  en  la  articulación


              entre dos trozos de metal, y una larga cuerda de


              milenrama colgaba de uno de los tobillos.





                 El  condestable  estaba  sentado  en  medio  del


              bosquecillo  de  bambúes,  envuelto  en  una


              armadura de hoplita, igualmente sucia y marca‐


              da, que era dos veces más grande que él, y que


              hacía  que  su  cabeza  descubierta  pareciese


              absurdamente  pequeña.  Se  había  arrancado  el


              yelmo  y  lo  había  arrojado  al  estanque,  donde


              flotaba como el casco abierto de un acorazado.


              Tenía aspecto demacrado y miraba ausente, sin


              parpadear,  a  la  kudzú  que  conquistaba  lenta


              pero  inexorablemente  a  la  glicina.  Tan  pronto


              como Nell vio su cara, le preparó algo de té y se


              lo llevó. El condestable cogió la pequeña taza de


              alabastro  con  sus  manos  con  armadura  que


              podían haber roto piedras como si de rebanadas


              de  pan  se  tratase.  Los  gruesos  cañones  de  las


              armas  montadas  sobre  los  brazos  del  traje


              estaban quemados por el interior. Cogió la taza


              de las manos de Nell con la precisión de un robot


              quirúrgico, pero no se la llevó a los labios, quizá


              temiendo que podría, por el cansancio, calcular


              mal la distancia e inadvertidamente destrozar la


              porcelana  contra  su  mandíbula,  o  incluso


                                                                                                     742
   737   738   739   740   741   742   743   744   745   746   747