Page 768 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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ractores a los que enviaba el dinero; de ahí, por


              tanto, la necesidad de un anuncio público.





                 —Su Gracia, debo decirle inmediatamente, y


              se lo hubiese dicho al cinéfono si no hubiese sido


              por su insistencia en dejar la conversación para


              un encuentro cara a cara, que yo no actué en el


              Manual. Una amiga mía lo hizo. Cuando vi el


              anuncio, decidí responder en su lugar.





                 —Comprendo que los ractores son seguidos


              frecuentemente  por  miembros  molestos  de  su


              audiencia —dijo Finkle‐McGraw—, y supongo


              que  entiendo  por  qué  ha  decidido  actuar  de


              intermediario  en  este  caso.  Déjeme  asegurarle


              que mis motivos son perfectamente benignos.





                 Cari adoptó un aire herido.





                 —¡Su  Gracia!  Nunca  hubiese  supuesto  lo


              contrario.  Al  arrogarme  este  papel,  no  intento


              proteger a la dama en cuestión de una supuesta


              mala  disposición  por  su  parte,  lo  hago


              simplemente porque sus circunstancias actuales


              hacen algo difícil establecer contacto con ella.









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