Page 579 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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Sé que nadie va a tener noticia de este Apocalipsis.
¿Cuántos universos sin fronteras, fascinantes, ricos más
allá de toda imaginación, deben de nacer y morir cada
día, sin hallar un cronista? El único testigo que queda
de su existencia son las estadísticas y las lápidas de los
cementerios, donde la pasmosa vida de un ser humano,
cuyas numerosísimas facetas él mismo no llegó a
conocer —y mucho menos a recordar— queda atrapada
entre dos frías fechas.
El ser humano es mortal.
Pero ¿por qué estoy aquí, aún sentado en lo alto de
este viejo edificio del barrio de Arbat, durante tantas
horas, las suficientes para haber escrito esta historia, y
miro todavía a lo lejos con mis ojos doloridos, al
horizonte, a la espera de que la gran luminaria se eleve
una vez más sobre la Tierra y acabe con estas tinieblas
que anuncian la muerte?
Pero por eso, porque la vida del hombre en este
mundo no es más larga que la de una mosca que vive
tan sólo un día, tenemos el mismo consuelo que el
insecto: la ligereza y el desconocimiento. La estúpida
ilusión de la inmortalidad es lo único que recibió el
hombre a cambio de haber perdido la vida eterna en el
Paraíso. Por ello, es imposible arrebatársela, igual que
es imposible aniquilar la esperanza que germina en la
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