Page 574 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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perder el ritmo. Marcaba exactamente la misma hora
que la esfera redonda de la pared, la misma que el reloj
del Kremlin y que todos los otros relojes que
funcionaban en toda la ciudad.
No faltaba mucho para las once de la mañana. Y,
sin embargo, el mundo se hallaba atrapado en un
opresivo, impenetrable, imposible crepúsculo.
Corrí a mis libros con tanta precipitación que la
cera caliente se me derramó sobre los dedos. Allí estaba
Yagoniel. Sí, dispuesto a informarme una vez más sobre
el extraño y fascinante ritual que los nativos de Yucatán
realizaban cada vez que se completaba un ciclo de
cincuenta y dos años Haab, cuando el universo se
detenía al borde del abismo. Sobre los terribles cinco
días en los que la tierra quedaba en poder de los
monstruos y los demonios, y los hombres sometidos al
silencio y al temor se escondían en sus cabañas y
palacios, y no se atrevían a dejarse ver por la calle.
Porque los espíritus de la muerte, libres de sus cadenas,
caminaban por el mundo durante cinco días
interminables, y espiaban con avidez por las ventanas
de las casas de los humanos. Y cuando llegara el final
de esos días, quienes hubieran sobrevivido tendrían
que someterse a otra prueba mucho más severa.
Mientras leía una vez más la descripción de tales
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