Page 212 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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las oficinas públicas y de gobierno eran iguales a las

               construcciones  plebeyas  en  las  que  vivían  los

               trabajadores. Sólo de vez en cuando la forma brutal


               de una fábrica o de una distribuidora quebraba la

               uniformidad.

                      Una de las fábricas frente a la que pasamos, alta


               y negra y  sin  ventanas,  era  una  fábrica  de  tierra,

               donde se inyectaban microorganismos sintéticos a

               la arena que nosotros traíamos de la costa africana.


                      ¡Pero  la  gente,  el  pueblo  del  que  yo  había

               surgido...!  Me  volví  hacia  ellos  con  interés,  y


               comprendí por primera vez el grado de brutalidad

               al que había llegado. Cuanto más trabajo tomaban a

               su cargo las máquinas, más se parecía la gente a las


               máquinas.  Un  cuerpo  malnutrido  muestra  sus

               coyunturas,  tendones  y  huesos  de  un  modo  muy


               poco diferente al de un robot ordinario.

                      Pero  los  robots  no  sufren  esas  horribles

               enfermedades  de  la  piel.  Los  robots  no  tienen


               estómagos  y  piernas  distendidas  por  el  beri‐beri.

               Nunca sufren úlceras o escorbuto. El raquitismo no

               tuerce  sus  columnas  ni  quiebra  sus  rodillas.  No


               caminan  con  aspecto  de  perro  apaleado.  Sus

               mecanismos  no  se  atrofian  ni  se  quiebran  sus

               corazones. ¡Lo había olvidado, lo había olvidado!


                      Muchas de aquellas personas trágicas llevaban

               encima  amuletos  para  mantener  alejada  a  la


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