Page 210 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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desligarme de toda aquella extraña locura. La vieja

               bruja se alejó en un remolino, y comprendí que lo

               que había tomado por una calle no era nada por el


               estilo. Aquellas líneas verticales, aquellas chimeneas

               de  ventilación,  aquellas  barandas  y  ventanas...,

               formaban parte del Estrella de Trieste. Pues ya había


               terminado con África, navegaba de regreso a casa

               en mi barco y dejaba atrás todos los problemas.

                      Hasta ahora, no me había dado cuenta de que


               mi barco estaba acorazado; pude ver que el gris de

               la calle no era otra cosa que el escudo que lo protegía


               casi todo, volviéndonos inmunes a todo  salvo un

               ataque nuclear. Aferrado al timón —navegábamos

               entre  aguas  grises  a  tremenda  velocidad—,  era


               difícil ver el rumbo, de tan gruesos como eran los

               cristales blindados.


                      Cuando apareció la costa de Inglaterra, sonaron

               las  campanas  y  la  tripulación  empezó  a  gritar  de

               alegría.  Le  di  a  la  nave  un  poco  de  velocidad


               adicional. Respondía como una mujer, y subimos a

               una rampa de desembarco sin dificultad. Hasta ese

               momento,  no  me  había  dado  cuenta  de  que


               manejaba un vehículo anfibio.

                      En  un  momento,  llegamos  a  la  ciudad  más

               grande.  Estaba  en  lo  alto  de  su  plataforma,  de


               muchos kilómetros de ancho, y a su alrededor se

               extendían las tierras exhaustas: antes de subir a la


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