Page 26 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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CAPITULO DOS



                      A la hora de comer seguía bajo el encanto de las


               cartas. La  comida  tenía  un  sabor  tan  fuerte como

               siempre;  el  sabor  era  artificial,  y  los  alimentos  se


               mantenían en buen estado gracias a conservantes

               especiales. Puesto que todo había sido producido

               por medios químicos, toda la comida, como todas


               las comidas, era artificial; después tragué un par de

               píldoras  de  vitaminas  para  complacer  a  mi

               metabolismo. Mi metabolismo se sentía todavía algo


               sacudido;  a  pesar  de  los  sedantes  que  me  había

               dado Thumderpeck no había dormido, tanto era el

               interés que tenían las cartas que había encontrado


               en el bolsillo del muerto.

                      Había  sólo  seis,  seis  cartas  y  un  telegrama.

               Todas eran de una muchacha que firmaba Justine.


               Eran cartas de amor.

                      Bien, no enteramente de amor. Gran parte de


               ellas estaba dedicada a cuestiones políticas y a las

               distintas naciones de África. Nunca he entendido

               mucho de política, y mucho menos de la compleja


               política africana. Omití esos pasajes.

                      En esa época, el mundo y sus naciones estaban


               en paz. Podían decirse muchas cosas duras contra

               nuestro tambaleante sistema social, pero tener paz

               era  algo  que  valía  la  pena;  yo  solía  repetir  esas



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