Page 265 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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La habitación donde yo dormía estaba justo
debajo de la de mi hermano y mientras entraba en
ella me di cuenta de que estaba temblando.
Levanté la vista al techo y vi una mancha negra,
húmeda, de la que caían gotas negras, formando
un charco de un líquido horrible que empapaba las
sábanas blancas de mi cama.
Subí corriendo y golpeé con fuerza en su puerta.
—¡Francis, Francis, mi querido hermano! —
grité—. ¿Qué te ha pasado?
Escuché y oí un sonido ahogado y como un
borboteo y un regurgitar de agua, pero nada más.
Llamé más fuerte, pero no obtuve respuesta.
A pesar de lo que me había dicho el doctor
Haberden, fui a verle y, con las mejillas bañadas en
lágrimas, le conté todo lo ocurrido. Me escuchó con
expresión severa y adusta.
—Por respeto a su padre —dijo por fin—, iré con
usted, aunque no puedo hacer nada.
Salimos juntos. Las calles estaban oscuras y en
silencio, y la atmósfera era bochornosa tras una
sequía de varias semanas. A la luz de los faroles de
gas pude ver la extrema palidez del rostro del
doctor y, cuando llegamos a casa, me di cuenta de
que le temblaban las manos.
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