Page 262 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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corrupción. Permanecí de pie, estremeciéndome y
temblando, como presa de escalofríos convulsos,
en un paroxismo de asco y pavor, y durante cinco
minutos no pude reunir la fuerza suficiente para
mover las piernas. Cuando entré en casa, subí las
escaleras corriendo hasta la habitación de mi
hermano y llamé a la puerta.
—Francis, Francis —grité—. Por el amor de Dios,
respóndeme. ¿Qué es esa cosa horrible que hay en
tu habitación? Echala, Francis; échala de aquí.
Oí un ruido como de pies que se arrastraban lenta
y torpemente, y una especie de gorgoteo sofocado,
como si alguien intentara expresarse; y por fin el
sonido de una voz, quebrada y ahogada, y unas
palabras que apenas logré entender.
—Aquí no hay nada —dijo la voz—. No me
molestes, te lo ruego. Hoy no me encuentro muy
bien.
Me alejé horrorizada, y sin embargo impotente.
No podía hacer nada salvo preguntarme por qué
me había mentido Francis, ya que había visto
perfectamente aquella aparición detrás del cristal,
aunque la visión durase sólo un momento. Y
permanecí inmóvil, consciente de que había algo
más, algo que había visto en el primer instante de
pavor, antes de que me mirasen aquellos ojos
ardientes. De repente recordé: cuando miré hacia
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