Page 349 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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—No. Yo fui uno de los que la encontraron.
Conocí bien a su padre; era abogado y jamás se
preocupó de ella. No pensaba más que en
escrituras y arrendamientos, de manera que las
noticias que le llegaron le causaron una espantosa
sorpresa. Había desaparecido una mañana,
supongo que alrededor de un año después de
haber escrito lo que usted ha leído. Llamaron a las
criadas, y éstas contaron algunas cosas y dieron la
única explicación lógica, aunque completamente
errónea.
» Descubrieron el libro verde en algún rincón de
su cuarto, y yo la encontré a ella en el lugar que
describió con tanto pavor, tumbada en el suelo
frente a la imagen.
—¿Había una imagen?
—Sí; estaba oculta por los espinos y la espesa
maleza que la rodeaban. Era una comarca salvaje y
desierta; pero usted ya la conoce por la descripción
de ella, aunque, por supuesto, debe comprender
que han sido recargadas las tintas. La imaginación
de un niño siempre ve más altas las cumbres y más
profundos los abismos de lo que realmente son; y
esta chica tenía, desgraciadamente para ella, algo
más que imaginación. Podría decirse, tal vez, que
su representación mental, que hasta cierto punto
consiguió expresar en palabras, era la misma
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