Page 344 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
P. 344
los labios y continué andando. Las ramas se
prendían en mis cabellos al andar, y los
gigantescos espinos me desgarraban la carne; no
obstante, seguí adelante hasta el final del sendero.
Entonces me detuve, extendí los brazos y me
incliné, y al principio di un rodeo, tanteando con
las manos, y no encontré nada.
La segunda vez di otro rodeo, tanteando con las
manos, y tampoco hallé nada. Entonces lo intenté
por tercera vez, tanteando con las manos, y la
historia resultó ser cierta, y deseé que hubieran
pasado los años para no tener que esperar tanto
tiempo a ser feliz para siempre.
La niñera debió de haber sido uno de esos
profetas que menciona la biblia. Todo lo que dijo
empezó a cumplirse, y desde entonces han
ocurrido otras cosas que ella me contó.
Así fue como llegué a saber que sus historias eran
verídicas y que yo no me había inventado nada.
Pero aquel día sucedió también otra cosa. Acudí
por segunda vez al lugar secreto en el hondo y
rebosante pozo; mientras permanecía de pie sobre
el musgo, me incliné y miré al pozo, y entonces
supe quién era la dama blanca que había visto salir
del agua en aquel bosque hace mucho tiempo,
siendo muy pequeña. Me estremecí toda, pues esto
me reveló otras cosas.
343

