Page 559 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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olmos del jardín de la posada, donde los grajos
solían construir sus nidos antes de la guerra. En el
interior, la amplia y baja estancia estaba
completamente alfombrada de pared a pared;
espesas cortinas carmesí ocultaban la noche
invernal, en la que un viento cortante y seco
arreciaba y gemía incluso en el corazón mismo de
Londres. Los tres hombres se sentaron alrededor
de un buen fuego, en una vieja chimenea de gran
altura de boca, en una de cuyas jambas laterales
una olla empezaba a borbotear. Los sillones en
donde estaban los tres sentados eran como aquel
sobre el que el señor Pickwick descansa para
siempre en su frontispicio. La mesa redonda de
caoba oscura se apoyaba en una sola pata, intensa
y profusamente tallada, y Perrott decía que era de
la época de Jorge IV, aunque el tercer contertulio,
Arnold, consideraba que era más probable que
fuera del tiempo de Guillermo IV, o incluso de los
primeros años de Victoria.
Sobre la pared, empapelada en rojo oscuro, había
grabados dieciochescos de las catedrales de
Durham y Peterborough, que venían a demostrar
que, pese a Horace Walpole y su amigo el señor
Gray, el siglo XVIII no supo dibujar un edificio
gótico teniendo a la vista sus torres y tracerías:
porque no podían verlas, había insistido Arnold
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