Page 561 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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lado muestra a tres hospicianas, cantando también.


            Se  llama  Te  Dominum  Confitemur.  Jamás  supe  su



            historia.


              —Yo  la  conozco  —se  animó  Harliss—.  Tropecé


            con ambos en unas pensiones cerca de la estación


            de Brighton, el año de Mafeking . Y, uno o dos
                                                                              [2]

            años más tarde, vi Sherry, Sir en un hotel de Tenby.


              —La fruta de cera más hermosa que he conocido



            —intervino  Arnold—  la  vi  en  un  escaparate  de


            King’s Cross Road.


              De  esta  manera  solían  divagar,  más  sobre  lo


            anticuado que sobre lo antiguo. Y así, esta noche


            invernal de viento helado vagabundearon por las


            calles  londinenses  de  hace  cuarenta,  cuarenta  y


            cinco o cincuenta años.


              Uno de ellos se extendió acerca de Bloomsbury,


            en la época en que se levantaron los tribunales de



            justicia  y  los  porteros  del  Duque  tenían  garitas


            junto a las puertas, y todo era pacífico, por no decir


            profundamente  monótono,  dentro  de  aquellos


            solemnes límites. Aquí estaba la iglesia abovedada


            de  una  extraña  secta,  donde,  según  decían,


            mientras  emanaba  humo  de  incienso  en  un


            solemne  ritual,  se  alzaba  repentinamente  una



            quejumbrosa  voz  que  sonaba  a  conjuro  mágico.


            Allí,  otra  iglesia,  donde  fue  bautizada  Cristina


            Rossetti; por todas partes, sombrías plazoletas por

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