Page 622 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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ruido.  La  luna  había  descendido,  y  existía  un


            enorme  y  viejo  peral  cerca  de  la  ventana;  todo



            estaba  a  oscuras.  Me  incorporé  en  la  cama,


            tembloroso  de  miedo.  Había  calma  chicha  y


            empecé a pensar que el susto recibido en el bosque


            me había provocado una pesadilla. Entonces la voz


            llamó de nuevo, y más fuerte:


              » —James Roberts ¡abra, rápido!



              »  Y  tuve  que  abrir.  Saqué  medio  cuerpo  de  la


            cama,  alcancé  el  picaporte,  y  abrí  un  poco  la


            ventana. No me atrevía a mirar. Pero la excesiva


            oscuridad impedía que pudiera verse nada bajo el


            árbol. Entonces ella empezó a hablarme. Me contó


            todo  desde  el  principio.  Conocía  todos  los


            nombres. Sabía dónde trabajaba yo en Londres y


            dónde vivía, y quiénes eran mis amigos. Dijo que


            ellos lo sabrían todo. Y añadió:



                   » —Usted mismo se lo contará, ¡y no podrá


                                ocultar ni una simple palabra!


              El  desdichado  hombre  cayó  de  espaldas  en  su


            silla, estremeciéndose y jadeando. Batió palmas de


            arriba  abajo  con  un  gesto  de  dolor,  miedo  y


            desesperación; y sus labios expresaron una mueca


            de pavor.



              No diré que empezaba a ver claro. Pero vislumbré


            un  indicio  acerca  de  ciertas  posibilidades  de


            claridad  o  —digamos—  disminución  de  la

                                                                                                          621
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