Page 626 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Acabé con su preocupación. Le dije que temía que
el lugar no fuera del todo conveniente para el señor
Roberts.
—En efecto —dije—, se puso tan mal la pasada
noche que temí dejarle solo. Sus nervios estaban en
muy mal estado.
—Realmente, no me sorprende nada —replicó la
señora Morgan, con cara solemne. Pero yo pensé
bastante en esta observación suya, al no tener ni
idea de lo que quería decir.
Pasé a explicar lo que había decidido para nuestro
paciente, como le llamaba: brisas costeras del este,
y multitudes de gente, cuanto más ruidosas mejor,
Y, efectivamente, ése era el remedio que yo tenía
en mente. Dije que estaba seguro de que el señor
Roberts haría exactamente lo que debía.
—Estoy segura, señor, que todo saldrá bien: no se
preocupe por eso. Pero cuanto más pronto se
marche usted después de que les sirva a ambos el
desayuno, más contenta estaré yo. Puedo decirle
que estoy muerta de miedo por su suerte.
Y se puso manos a la obra, murmurando algo que
sonaba como « Plant y pwll, plant y pwll» .
No le di tiempo a Roberts para reflexionar. Le
desperté, le hice salir apresuradamente de la cama,
le llevé a toda prisa a desayunar, le vi hacer su
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