Page 624 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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ellas las recordé inmediatamente. Una de ellas, por
ejemplo, era el número de una casa en
determinada calle. Si usted me hubiera
preguntado por ese número hace una semana, le
habría dicho, con toda sinceridad, que no sabía
nada de él. Pero cuando lo oí, al momento lo
reconocí: podía ver ese número a la luz de un farol
callejero. Aquella noche de noviembre el cielo
estaba oscuro y encapotado, y soplaba un viento
cortante que provocaba el arremolinamiento de las
hojas sobre la acera.
—¿Cuándo se encendió el fuego?
—Aquella noche. Cuando aparecieron ellos.
—¿Vio usted a la chica? ¿Podría describirla?
—Ya le confesé que tenía miedo de mirar. Esperé
a que dejara de hablar. Estuve sentado durante
medía hora o una hora. Luego encendí mi vela y
cerré el pestillo de la ventana. Eran las tres en
punto y la luz aumentaba.
Estuve pensándomelo bien. Advertí que Roberts
confesó que todas las palabras pronunciadas por
su visitante eran auténticas. No le habían cogido
por sorpresa; no existía indicación alguna acerca
de la existencia de nuevos detalles, nombres o
circunstancias. Se me ocurrió que tendría cierto —
posible— significado; y también era interesante
conocer las circunstancias actuales de Roberts, su
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