Page 617 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Pero  era  demasiado  prematuro  apremiarle.  Le


              dije:



              —¿Qué hizo usted entonces?


              —Di media vuelta y regresé corriendo a través del


            bosque, saltando por encima de la valla. Llegué a


            casa más rápidamente de lo que nunca pude y me


            encerré  en  esta  habitación,  bañado  en  sudor  del


            susto  y  respirando  con  dificultad.  Creo  que  casi



            enloquecí.  Anduve  de  un  lado  para  otro.  Me


            sentaba  en  la  silla  y  volvía  a  levantarme.  Me


            preguntaba                   si       despertaría                 en         mi         cama


            comprobando  que  había  tenido  una  pesadilla.


            Finalmente  lloré,  la  verdad  sea  dicha:  apoyé  la


            cabeza en mis manos y las lágrimas corrieron por


            mis mejillas. Estaba completamente deshecho.


              —Pero,  oiga  —le  dije—,  ¿no  está  armando  un


              gran jaleo por muy poco?



            Puedo entender perfectamente que ha debido ser


            un sobresalto desagradable.


            Pero  ¿cuánto  tiempo  dice  usted  que  ha


            permanecido aquí? ¿Diez días?


              —Mañana se cumplirán dos semanas.


              —Bien; usted conoce las costumbres de esta tierra



            tan bien como yo. Tenga la seguridad que todo el


            mundo  en  un  radio  de  tres  o  cuatro  millas


            alrededor  de  Lanypwll  sabe  de  un  caballero  de





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