Page 300 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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—Una idea agradable. Pero…



                 Se oyeron pasos en el exterior. Una llave giró en la


           cerradura.  Los  prisioneros  se  echaron  atrás.  Luego,  de

           pronto,  Van  Sarawak  estaba  inclinándose,  sonriendo  y

           deshaciéndose en cumplidos. Incluso Everard se quedó

           boquiabierto.



                 La muchacha que entró delante de tres soldados era


           toda una belleza. Alta, con la melena roja cayéndole por

           encima de los hombros hasta la estrecha cintura; sus ojos

           eran verdes y ardientes, su cara descendía de todas las


           muchachas  irlandesas  que  hubiesen  vivido;  el  largo

           vestido blanco se ajustaba a una figura que merecía estar

           sobre las murallas de Troya. Everard notó vagamente que

           en aquella línea temporal usaban cosméticos, pero a ella


           le hacían poca falta. Everard no prestó atención al oro y el

           ámbar de sus joyas, o a las pistolas que había detrás. Ella

           sonrió, algo tímida, y dijo:



                 —¿Me entienden? Piensan que es posible que hablen


           griego.



                 Su lenguaje era clásico, no moderno. Everard, que en

           una ocasión se había ocupado de una misión en tiempos

           alejandrinos, lo entendía a pesar del acento, si prestaba

           mucha atención… lo que en cualquier caso era inevitable.



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