Page 295 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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privilegio de pasear bajo la lluvia; y Bernie Aaronson, las
noches de cerveza, tabaco y charla; Phil Brackney, que lo
había recogido del barro en Francia mientras las
ametralladoras agujereaban un campo destrozado;
Charlie y Mary Whitcomb, té y fuego de carbón en el
Londres Victoriano; Keith y Cynthia Denison en su
aguilera cromada sobre Nueva York; Jack Sandoval entre
los peñascos de Arizona; un perro que había tenido; los
cantos austeros de Dante y el trueno resonante de
Shakespeare; la gloria de York Minster y el puente
Golden Gate; Cristo, la vida de un hombre, y las vidas de
quién sabía cuántos miles de millones de criaturas
humanas, trabajando, aguantando y yendo al polvo para
crear un hogar para sus hijos… nunca habían sido.
Movió la cabeza, anonadado por la pena, y se quedó
sentado sin comprender.
El soldado regresó con un mapa y lo extendió sobre
la mesa. Ap Ceorn hizo un gesto brusco, y Everard y Van
Sarawak se inclinaron sobre él.
Sí, la Tierra, en una proyección de Mercator, aunque
la memoria eidética demostraba que el mapa era bastante
burdo. Los continentes e islas estaban allí, en colores
brillantes, pero las naciones eran diferentes.
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