Page 450 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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—Te  entiendo.  ¡Claro  que  sí!  No  es  adecuado  a mi

           dignidad que te compres tu propia ropa. Bien, vamos, y


           tú vestirás tu ropaje de muchos colores.



                 Hiram  realmente  no  se  parecía  a  sus  súbditos.  Era

           más alto, de rostro más claro, de pelo y barba rojos, ojos

           grises y nariz recta. Su apariencia recordaba a la Gente del


           Mar:  las  hordas  de  bucaneros  formadas  por  cretenses

           desplazados  y  bárbaros  europeos,  algunos  de  ellos  del

           lejano norte, que atacaron Egipto un par de siglos antes y

           que con el tiempo se convirtieron en los antepasados de


           los filisteos. Un número menor, que acabaron en Líbano

           y Siria, se mezclaron con unos beduinos que ya se estaban

           interesando  por  cuestiones  marítimas.  De  ese  cruce


           salieron los fenicios. La sangre de los invasores todavía se

           manifestaba en su aristocracia.



                 El  palacio  de  Salomón,  del  que  se  enorgullecía  la

           Biblia,  cuando  estuviese  terminado,  sería  una  pobre

           imitación de la casa en la que ya vivía Hiram. Pero el rey


           solía vestir con simplicidad, con un caftán de lino blanco

           ribeteado de púrpura, sandalias de buen cuero, una cinta

           de oro en la cabeza y un grueso anillo de rubí marca de


           su  realeza.  Igualmente  sus  modales  eran  directos  y

           carentes  de  afectación.  De  mediana  edad,  parecía  más

           joven, y su vigor seguía intacto.



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