Page 451 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Él y Everard estaban sentados en una amplia sala,
cómoda y bien ventilada, que daba al jardín del claustro
y a un estanque con peces. La alfombra era de paja, pero
teñida con dibujos delicados. Los frescos que cubrían las
paredes de yeso habían sido ejecutados por artistas de
Babilonia, y mostraban emparrados, flores y quimeras
con alas. Una mesa baja entre los dos hombres tenía
incrustaciones de madreperla. Sobre ella había vino sin
aguar en copas de vidrio y platos de fruta, pan, queso y
dulces. Una chica hermosa con una túnica diáfana,
arrodillada, tocaba una lira. Detrás, dos criados
aguardaban órdenes.
—Estás siendo muy misterioso, Eborix —murmuró
Hiram.
—Cierto, y no es mi intención ocultar nada a su alteza
—contestó Everard con cuidado. Una orden de mando
podía traer soldados a matarlo. No, eso era improbable;
un invitado era sagrado. Pero si ofendía al rey, toda su
misión se vería comprometida—. Por desgracia, si soy
vago sobre ciertas cosas es porque mi conocimiento de
ellas es superficial. Ni tampoco me arriesgaría a hacer
acusaciones sin fundamento contra alguien si mi
información resultase ser errónea.
Hiram unió los dedos y frunció el ceño.
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