Page 453 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Eborix siguió relatando cómo varios celtas que habían
estado entre la Gente del Mar habían regresado huyendo
después de la gran derrota que Ramsés III había infligido
a aquellos semivikingos en el 1149 a.C. Sus descendientes
habían mantenido débiles conexiones en su mayoría a
través de la ruta del ámbar, con los descendientes de sus
compañeros que se habían asentado en Canaán por
consentimiento del victorioso faraón. Las viejas
ambiciones no se olvidaban; los celtas siempre habían
tenido una gran memoria racial. Se hablaba de revivir el
gran empujón mediterráneo. El sueño se reforzaba a
medida que, oleada tras oleada, los bárbaros llegaban a
Grecia, sobre las ruinas de la civilización micénica, y el
caos se extendía por el Adriático y hasta Anatolia.
Eborix sabía de espías que también servían como
emisarios de los reyes de las ciudades‐estado filisteas. La
amabilidad de Tiro con los judíos no hacía precisamente
que los filisteos la amasen más; y claro está, las riquezas
fenicias constituían una tentación aún mayor. Se
desarrollaban planes, lentamente, durante generaciones.
Ni el mismo Eborix sabía en qué estado se encontraban
los planes para traer un ejército de aventureros celtas.
Ante Hiram admitió con franqueza que hubiese
considerado unirse a semejante ejército, con sus hombres
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