Page 460 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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El aliento salió por entre los dientes de Pum.
—Maestro, es hermosa.
A Everard le ardían las mejillas.
—Eh. Buenas noches a ti también, muchacho.
—Noble señor…
—Buenas noches, he dicho.
Pum levantó los ojos al techo, se encogió de hombros
y se fue a su perrera. La puerta se cerró de un golpe tras
él.
—Ponte recta, querida —murmuró Everard—. No
temas. No te haré daño.
La mujer obedeció, con los brazos cruzados sobre el
pecho y la cabeza baja, servil. Era alta para su época,
esbelta, dotada. El ligero vestido ocultada una piel blanca.
El pelo atado ligeramente en la nuca era de un marrón
teñido de rojo. Sintiéndose poco seguro de sí mismo,
Everard le puso un dedo bajo la barbilla. Ella levantó un
rostro que tenía ojos azules, nariz coqueta, grandes labios,
pecas.
—¿Quién eres? —preguntó. Sentía dura la garganta.
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