Page 508 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Adiyaton (que, un cuarto de siglo después no tendría
ninguna razón para no llamarse Pummairam) parecía
jubiloso. Por dentro, temblaba porque miraba a un
hombre que pronto estaría muerto.
Desde donde esperaba el escuadrón de la Patrulla, en
lo alto del cielo, la tormenta era una cordillera montañosa
que ocupaba el horizonte al norte. Por lo demás, el mar se
extendía plateado y de color zafiro por toda la curva del
planeta, excepto allí donde las islas rompían el brillo y, al
este, donde la costa Siria formaba una línea oscura. En el
oeste, el sol relucía tan frío como el azul que lo rodeaba.
El viento silbaba en los oídos de Everard.
Estaba sentado, envuelto en un abrigo, en el asiento
delantero del saltador temporal. El asiento de atrás estaba
vacío, como los de la mitad de los cuarenta vehículos que
compartían el cielo con el suyo. Los pilotos tenían la
esperanza de transportar prisioneros. El resto cargaba
armas, huevos de munición en los que el fuego aguardaba
para nacer. La luz se reflejó de pronto en el metal.
¡Maldición! —pensó Everard —. Me estoy congelando.
¿Cuánto durará esto? ¿Ha salido mal? ¿Se traicionó Pum ante
el enemigo, le ha fallado el equipo, o qué?
Un receptor colocado sobre la barra de dirección dio
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