Page 570 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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o a hacer ofrendas a los Anses y participar en el festín
posterior. Participó en pruebas de tiro y lucha, hasta que
quedó claro que ningún hombre podía derrotarle.
Cuando jugaba a tabas o juegos de tablero, no siempre
ganaba, aunque se extendió la idea de que era para evitar
que los demás temiesen brujería. Hablaba con cualquiera,
desde Winnithar hasta el sirviente más bajo o el más
pequeño de los niños, y escuchaba con atención;
ciertamente, les resultaba agradable, y era igualmente
amable con subalternos y animales.
Pero en lo que se refería a su propio yo, permanecía
oculto.
Eso no significa que permaneciese sentado con
seriedad. No, hacía fluir las palabras y la música como
nadie. Deseoso de oír historias, poemas y canciones,
dichos, todo lo que pudiese, él lo devolvía con creces.
Porque parecía conocer todo el mundo, como si lo
hubiese recorrido en persona durante más de una vida.
Habló de Roma, la poderosa e inquieta, de su señor
Diocleciano, sus guerras y leyes severas. Contestaba
preguntas sobre el nuevo dios, el de la Cruz, del que los
godos habían oído hablar a comerciantes y esclavos
venidos tan al norte. Les habló de los grandes enemigos
de Roma, de los persas, y de las maravillas que habían
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