Page 597 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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—Sí, en el rostro —admitió Winnithar—, pero no le
falta masculinidad; eso ya está claro, Carl.
Ya nadie más se atrevía a hablarle al Errante por ese
nombre… ni tampoco por el nombre que suponían era el
correcto. Cuando bebían, hacían lo que él deseaba,
contando historias y versos que habían oído hacía poco.
Él preguntaba de dónde venían, y ellos podían indicarle
un bardo o dos, a los que él decía que visitaría. Lo hacía,
después, y los hacedores se consideraban afortunados
por haber llamado su atención. Por su parte, contaba
cosas asombrosas de lugares lejanos. Pero ahora se iba
pronto, para no dejarse ver en años.
Mientras tanto Dagoberto creció de prisa, un
muchacho rápido, alegre y guapo, y querido por todos.
Tenía doce años cuando acompañó a sus medio
hermanos, los dos hijos mayores de Winnithar, en un
viaje al sur con una tripulación de comerciantes. Allí
pasaron el invierno, y regresaron en primavera llenos de
maravillas. Sí, más allá había tierras que conquistar, ricas,
amplias, bañadas por el río Dniéper que hacía que el
Vístula pareciese un arroyuelo. En los valles del norte
había espesos bosques, pero más al sur se abría el campo,
pastos para ganado y bandadas, esperando como una
novia el arado del granjero. Quien las poseyese también
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