Page 639 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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palabras en privado con Tharasmund. Sentían rencor por
el rey Ermanarico.
El salón estaba adornado con ramas de hojas
perennes, tejidos, metal pulido, vidrio romano. Aunque
el día reinaba sobre el manto de nieve, las lámparas
iluminaban la larga estancia. Vestidos con sus mejores
ropas, los terratenientes más importantes de los tervingos
y sus esposas rodeaban el alto asiento donde se
encontraban la cuna y el bebé. Gente inferior, niños,
perros, se congregaron alrededor de los muros. La
dulzura del pino y del prado llenaba el aire y las cabezas.
Tharasmund dio un paso al frente. En su mano
llevaba el hacha sagrada, para sostenerla sobre su hijo
mientras recitaba la bendición de Donar. A su lado Ulrica
sacó agua del pozo de Frija. Nadie allí había visto algo
similar, más que para el primogénito de una casa real.
—Nos hemos reunido… —Tharasmund se detuvo.
Todos los ojos se dirigieron hacia la puerta, y la
respiración se detuvo—. ¡Oh, tenía esperanzas!
¡Bienvenido!
Con la lanza golpeando ligeramente el suelo, el
Errante se acercó. Inclinó su figura gris sobre el niño.
—¿Le concederéis, señor, su nombre? —preguntó
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