Page 87 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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noche.
—Oh, lo siento. Lo siento mucho. Entienda, es esta
forma…
Una llamada a la puerta le salvó.
—Perdóneme —murmuró ella, y fue más allá de las
pesadas cortinas negras para abrirla. Everard la siguió.
Ella retrocedió con un gritito. —¡Charlie!
Whitcomb la apretó contra sí, sin pensar en la sangre
que todavía tenía en las ropas de juto. Everard salió a la
entrada. El inglés lo miró horrorizado.
—Tú…
Intentó coger el aturdidor, pero Everard ya
empuñaba el suyo.
—No seas tonto —dijo el americano—. Soy tu amigo.
Quiero ayudarte. ¿Qué estúpido plan se te había
ocurrido?
—Yo… obligarla a permanecer aquí… evitar que
fuese a…
—¿Y crees que ellos no tienen manera de localizarte?
—Everard pasó al temporal, el único lenguaje posible en
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