Page 290 - Limbo - Bernard Wolfe
P. 290

alienado habían terminado, y en su lugar nacía la



            sensación  de  mutualidad  y  alegría.  El  hombre


            recobraba el sentido de lo oceánico, de lo místico,


            de la majestuosa relación con la Naturaleza que el


            viejo Freud había encontrado tan apagado en su


            neurótica  civilización  que  había  llegado  a


            preguntarse si existía en realidad.



                  El hombre acababa de darse cuenta de que el


            universo estaba muy cerca de él, que lo tenía cada


            vez  más  al  alcance  de  su  mano,  débil,  sumiso,


            humilde  y  hormigueando  en  insospechadas


            intimidades. El universo era una mera extensión


            de  sí  mismo.  Freud  había  señalado,  hacía  ya


            mucho tiempo, que al inicio de su vida el niño no



            distingue entre el yo y lo que hay más allá de sí


            mismo, pero que esto no era más que un tosco y


            megalomaníaco mito, y a menudo, en la juventud,


            constituía una sorpresa anonadadora el constatar


            que  la  realidad  se  inmiscuye  en  el  placer


            autárquico  y  aprender  penosamente  que  el


            mundo  es  menos  ostra  que  octópodo.  Todo  el



            mundo sufría esta conmoción de lo adyacente al


            inicio  de  su  vida,  y  los  miedos  neuróticos  que


            resultaban  de  ello  explicaban  sin  duda  la


            existencia de nuevas cantidades de energía bélica


            que  se  acumulaban  en  la  gente  y  se  desataban



                                                                                                      290
   285   286   287   288   289   290   291   292   293   294   295