Page 295 - Limbo - Bernard Wolfe
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envuelve,  una  capa  de  signos  y  de  símbolos.



            Porque, a medida que el hombre genera palabras,


            verbalismos, imágenes articuladas y signos para


            representar  hechos  objetivos,  los  proyecta  al


            mundo que lo rodea y los institucionaliza. Al cabo


            de  milenios  de  una  tal  siembra  semántica  por


            parte de la raza humana, todo niño nace en un


            mundo saturado de proyecciones verbales.



                  Ahí precisamente, señalaba Korzybski, radica


            la dificultad. El entorno que el hombre teje a su


            alrededor  no  representa  hechos  objetivos;  las


            palabras  y  los  símbolos  que  lo  forman  están


            variando  progresivamente  con  respecto  a  la


            realidad.  ¿Capas  de  signos  y  de  símbolos?  No,



            más bien una pantalla de humo.


                  ¿Por qué es esto así? Bien, siempre ha existido


            una tendencia aristotélica en el hombre, al menos


            durante su infancia como raza. Desde el principio



            de  los  tiempos  humanos  ha  habido  una  cierta


            brecha  entre  lo  que  existe  realmente  y  las


            representaciones  que  la  gente  desarrolla  para


            definir  lo  que  existe.  Y  el  hombre  siempre  ha


            tomado sus palabras por la realidad. Ese fue el


            gran error aristotélico. Los sonidos que más tarde


            se  convirtieron  en  palabras  eran  producidos  al


            principio por el hombre en señal de consternación



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