Page 775 - Limbo - Bernard Wolfe
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él, parecía como si estuviera sosteniendo algo
asquerosamente redondo y grasiento y no
supiera dónde arrojarlo.
—Oh, no —susurró, sus manos haciendo
enfáticamente eco a las palabras—. No puede
ser.
—Hermano Helder —dijo Martine—, deseo
felicitarte por tu dos‐más‐dos‐igual‐a‐
previsión. Fue la intuición de un burócrata innato
lo que te impulsó a conservar tus manos. Todos
los buenos burócratas de Dios tienen manos.
—Imposible —dijo Helder.
Martine apuntó un petulante dedo hacia Theo.
—Observa, Hermano Tambo —dijo—.
Observa este cuadro... el mártir regresa para
atormentar a su acotador, el texto se rebela ante
las notas a pie de página. La primera vez que
ocurre algo así... ¿cuándo una Biblia, un
BhagavadGita, un Corán, un La riqueza de las
naciones, un Das Kapital, un Mein Kampf, se
volvieron para censurar a su Discípulo Número
Uno? ¡La palabra volviéndose contra quien la ha
pronunciado! ¡Es una ocasión única, la historia
creándose delante de tus ojos! ¡Abandonemos las
discusiones y las tonterías y regocijémonos!
—Marty, Marty —dijo Helder, respirando
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