Page 873 - Limbo - Bernard Wolfe
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inconsciencia, antes que disfrutar con ambas.



                  ¿Perfecto? El precio sería la cualidad estética


            de la vida. Porque la estética es la pareja de esa


            vieja y doliente cebolla que se arroja a sí misma a


            la  sima  de  la  ansiedad  anticipadora;  y  para



            eliminarla habría que eliminar todo el sentido de


            intranquilidad y la sal de la vida. Quizá no más


            neurosis. Pero algo quedaría también amputado,


            la  humanidad.  Y  con  ella  la  risa:  la  risa,  víbora


            psíquica y aceitosa que se mantiene también en el


            cerebro humano devorándose a sí misma, pedazo


            a  pedazo.  La  estética:  una  forma  de  la  risa,


            diseñada para apartar el sufrimiento de la pena


            erradicable. Y por otra parte el masoquismo, que



            es  una  falta  de  humor  revelándose  a  través  del


            dolor... El robot jamás se ríe de sí mismo. ¿Quien


            puede  reírse  de  la  perfección?  En  la  literatura


            teológica,  lo  que  se  refiere  al  infierno  siempre


            suena más tentador... y también más doloroso...


            que cualquier vehículo sereno, rápido, perfecto, al


            cielo. No importa el que Mann siempre haga que



            sus héroes artistas hagan pactos con el diablo, y


            luego  agonicen  con  los  labios  retorcidos  y


            emitiendo una especie de sagrada risa. Es mejor


            tener un cielo y un infierno aquí en la tierra: la


            condición  humana  es  toda  ambivalencia,  sus



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