Page 871 - Limbo - Bernard Wolfe
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dispersos pensamientos. Había un peligro: Theo



            podía convertirse ahora en un adicto a él, que se


            sentía un enemigo de todas las adicciones. Bah.


            Tonterías. Podía quitarle en cualquier momento


            esa  predisposición...  los  monjes  budistas  zen


            acostumbraban  a  administrar  patadas  a  sus


            discípulos cuando se aprendían demasiado bien


            sus lecciones. ¿Y qué era lo que tenía en mente



            Helder acerca de la Mandunga?...


                  ¿Por  qué  honrar  tanto  la  «integridad»  de  un


            instrumento  tan  tullido  y  tambaleante  como  el


            cerebro?, se preguntó. Porque ahí estaban todos


            los  secretos.  Los  hombres  habían  buscado  por


            todas partes: en los cielos, en las estrellas, en la



            naturaleza, más allá de la muerte, en las entrañas


            de los animales, en los árboles y en las piedras, en


            las formas geométricas, en el alma en los sueños,


            en los genes, y no encontraron nada: la búsqueda


            se  centraba  ahora  en  esa  cebolla  que  había  que


            pelar  capa  tras  capa.  Era  difícil  que  el  cerebro


            explicase sus propios secretos. Nunca se conoció



            a sí mismo hasta que se convirtió en una plana e


            infalible  máquina  calculadora.  El  precio  de  la


            perforación  es  la  robotización.  Pero  no  hay


            secretos en un cerebro robot que valgan la pena


            de  ser  conocidos...  y  después  de  todo,  ¿desde



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