Page 349 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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de lo que nunca había sabido del avión que había
pilotado, los interceptores, los aviones de
reconocimiento... Conocía la ubicación y la función de
cada interruptor, dial y lector. Sin embargo, si algo
fallaba durante el lanzamiento, no podía hacer nada,
no era más que un pasajero, y en su preparación solo
había aprendido datos y cifras sobre los que no tenía
ningún control ni influencia. Desde algún lugar muy
por debajo de él le llegó un ruido sordo, como si
acabase de abrirse una lejana trampilla al infierno, y
sintió que poco a poco iba aumentando una presión
entre los omóplatos. La cápsula sufrió una sacudida
de tan solo unas fracciones de un grado, pero
perceptible, cuando los ocho motores de cardán con
sus 1,6 millones de libras de propulsión combinada lo
hicieron vibrar todo, las lecturas se volvieron
borrosas y se imaginó dejando atrás lentamente la
torre de lanzamiento a medida que el S‐IB se elevaba
sobre una torre de llamas y trueno. Ciento cuarenta y
seis segundos después, Peterson sufrió una sacudida
hacia delante contra las correas, y unos segundos
después recibió un doloroso golpe hacia atrás, contra
el asiento, cuando se encendió la segunda fase... pero
ahora todo era más suave, aunque el rugido que
transmitía la longitud del S‐IVB era más fuerte. Diez
minutos después del lanzamiento, el motor J‐2 se
apagó y Peterson percibió el silencio como una
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