Page 347 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
P. 347

Ahora  el  espacio  está  despejado,  como  en  ese


           momento luminoso y repentino que sentía cuando su


           North American F‐108D Rapier atravesaba las nubes


           y de pronto se encontraba volando por encima de un



           paisaje  blanco  y  algodonoso.  El  sonido  ha


           desaparecido; la vista, de una agudeza sobrenatural,


           es todo lo que tiene. Entonces volvía a oír: el rugido


           sordo  de  los  turborreactores  YJ93,  el  silbido  de  los


           auriculares, la vibración del chasis del avión.




                  Peterson  aún  no  se  siente  agradecido.  Aunque


           Kendall  y  la  Campana  los  hayan  devuelto  a  casa,


           Peterson  no  piensa  darle  las  gracias  todavía.  Más



           tarde, quizá. Cuando tengan los pies en el suelo de la


           Tierra verde.




                  Puede  que  para  entonces  ya  haya  conseguido


           asumir la deuda que tiene con el científico y con su


           extraña ciencia nazi.









                  Más  alto,  más  lejos,  más  rápido...  la  carrera  de


           Peterson  lo  había  llevado  un  paso  más  allá  del


           anterior  con  cada  movimiento,  y  no  era  una


           trayectoria profesional inusitada ni inesperada para


           un oficial de su calibre. Después de volar en misiones


           de  reconocimiento  hipersónicas  a  treinta  y  cinco


           millas por encima de la Tierra, tan cerca del espacio


                                                                                                               347
   342   343   344   345   346   347   348   349   350   351   352