Page 348 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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que el cielo que lo rodeaba era negro y el único azul


           estaba  por  debajo  de  su  avión,  como  si  estuviese


           rozando  la  superficie  de  un  inmenso  lago  curvo...


           después de volar tan cerca del espacio que casi podía



           tocarlo, el único paso lógico era ponerse en órbita, y


           en la USAF pensaban que tenía lo que había que tener,


           ya que le pidieron hacer una prueba para ingresar en


           el  cuerpo  de  astronautas.  Llevaban  más  de  una


           década  lanzando  Saturnos  IB  desde  Slick  Six  en


           Vandenberg, y hasta tenían su propia línea de naves


           espaciales Apolo, llamadas Phoebus, aunque habrían



           preferido poner aviones espaciales en órbita. Toda la


           investigación por la que habían pagado en la AFB de


           Edwards, haciendo despegar aparatos como el Martin


           Marrietta X‐24 y el Northrop M2‐F3; y hasta el Boeing


           X‐20  Dyna‐Soar,  aunque  este  no  había  llegado  a


           volar... La USAF aprovechaba la tecnología de North


           American y Grumman para sus propios usos y añadía


           armamento  a  las  cápsulas  Apolo  para  convertir  las


           rejas  de  arado  en  espadas.  Ahora  Peterson  estaba



           tumbado boca arriba, con los pies en el aire, encajado


           entre otros dos astronautas, con un enorme panel de


           mandos gris delante, y esperaba el suave empujón en


           la espalda que le confirmaría que los ocho motores de


           cohete  H1  del  S‐IB  se  habían  encendido.  Se  había


           pasado  los  últimos  doce  meses  preparándose  para


           esta misión y sabía más sobre la nave espacial Apolo

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