Page 933 - Anatema - Neal Stephenson
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gustó. Todos se acabaron acostumbrando. Luego, de
pronto, semanas después, se trasformó en Convox.
—Tenían que resucitar.
—Sí. Debes esperar cierta incomodidad.
—¡Incomodidad! Bien, al menos en ese aspecto este lugar
me resultará familiar.
Arsibalt, en lugar de reír, se aclaró la garganta.
—Pronto te dejarán salir de este invento —me contó
Jesry, que, contradiciendo en cierta forma la predicción de
Arsibalt, vino a visitarme antes de que mi pan terminase
de hornearse.
Habló con una confianza tan absoluta que supe que se lo
estaba sacando del orificio rectal.
—¿En qué te apoyas para hacer semejante predicción? —
pregunté.
—Los láseres no tenían el color adecuado —dijo.
Repetí la frase en alto, pero no le encontré sentido.
—El láser con el que iluminaron los Intactos la noche en
que esto se convirtió en Convox —me explicó.
—Era rojo —dije. Una estupidez, pero yo intentaba
lanzar rocas al cerebro de Jesry para soltar fragmentos de
información.
—En Tredegarh hay gente que sabe de láseres —dijo
Jesry—. Se dieron cuenta de inmediato de que había algo
raro. Existe un número limitado de gases, o de
combinaciones de gases, que se pueden emplear para
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