Page 929 - Anatema - Neal Stephenson
P. 929
al rojo blanco y lo había golpeado hasta dejarlo de un
tamaño que esperaba que le sirviese a Cord.
—Voy a pedirle a Cord… bien., ya sabes. ¡No de
inmediato! Más tarde, cuando las cosas se calmen.
Comprendí que en cierto modo Yul me pedía permiso,
así que le abracé y le dije:
—Sé que cuidarás de ella.
Su abrazo por poco me rompe la columna vertebral y
hasta pensé que tendría que llamar a uno de los valleros
para que me ayudase a soltarme.
Cuando se tranquilizó un poco me dejó mirar el anillo.
—No es una joya normal —admitió—, pero
considerando que es de otro mundo… es la más preciosa,
¿no te parece?
—Sí —le aseguré—. Es la más preciosa.
Luego los dos, involuntariamente, miramos a mi frater.
Debía de habérselo pedido a primera hora de la mañana
y Cord debía de haber dicho que sí. Durante un rato hubo
muchos abrazos, gritos y carreras. Una multitud de
orithenanos se nos acercó, atraída por el rumor de que la
boda se iba a celebrar enseguida. Tras ellos llegaron
soldados curiosos, seguidos a su vez de gente del Convox
que quería saber qué pasaba. Había como una especie de
impulso que nos dirigía a celebrar la ceremonia ese mismo
día, en la playa. Pero pasados unos minutos todos se
tranquilizaron y acabamos de fiesta. Las sures orithenanas
fueron a la cuneta de la carretera y arrancaron montones
929

