Page 31 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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no  es  otro  que  el  placer  y  la  felicidad.  El  hombre  se  ha

         ganado este derecho. Estamos cansados de la interminable

         lucha en busca del conocimiento y de ese ciego deseo de


         cruzar el espacio para alcanzar las estrellas.

                Éste  había  sido  el  viejo  sueño  de  los  Comedores  de

         Loto,  un  sueño  tan  viejo  como  la  propia  humanidad.  Y


         ahora,  por  vez  primera,  podía  realizarse.  Durante  algún

         tiempo no hubo muchos que lo compartieran. Las llamas

         del  Segundo  Renacimiento  aún  no  habían  comenzado  a

         vacilar y apagarse. Pero a medida que fueron pasando los


         años,  los  Decadentes  fueron  imponiendo  más  y  más  su

         manera  de  pensar.  En  lugares  ocultos  de  los  planetas

         interiores construyeron las ciudades de sus sueños.

                Durante  un  siglo  florecieron  como  raras  plantas


         exóticas  hasta  que  el  fervor,  casi  religioso,  que  había

         inspirado  sus  construcciones,  murió.  Se  prolongó  su

         existencia  en  declive  durante  una  generación  más.


         Después,  una  tras  otra,  esas  ciudades  se  borraron  del

         conocimiento  humano.  Al  morir,  los  últimos  Decadentes

         dejaron tras sí una serie de fábulas y leyendas que habían

         ido aumentando con el transcurrir de los siglos.


                Según  la  leyenda,  una  de  esas  ciudades  había  sido

         construida en la Tierra y sobre ella existían misterios que el

         mundo externo jamás había llegado a resolver. Por razones

         propias,  sólo  de  él  conocidas,  el  Consejo  Mundial  había


         destruido todo conocimiento relacionado con ese lugar. Su




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