Page 782 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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defendida por una sólida reja de hierro colado.
Una vaga luz llegaba también del tosco hogar
de granito. A doce metros de altura, los cuatro
muros de la cocina se inclinaban a cuarenta y
cinco grados para formar una pirámide
regular, que iba reduciéndose hasta la
estrecha abertura de la cumbre. Una caperuza
de madera, que podía maniobrarse mediante
una larga varilla de hierro, orientándose según
la dirección del viento, ocultaba a medias
aquella abertura. Todo el interior de la
pirámide estaba negro de hollín y de humo.
Colgados de barras de hierro, acababan de
secarse y ahumarse jamones y diferentes
tipos de embutidos preparados por los nativos.
El hogar estaba formado por dos grandes
piedras de granito y una placa de hierro
fundido, adosada a la pared y fijada por un par
de groseros puntos de soldadura.
En el pavimento, formado por grandes
planchas de goma mal unidas, descansaban
pequeños cinceles de acero, cubos de madera;
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