Page 784 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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las unían eran distintos de los que había en la
cubierta inferior; eran dos veces más grandes,
y no estaban espaciados de la misma manera.
Allí, la altura del techo, cubierto de tuberías
pintadas de color terracota, no era superior al
metro y medio. Jonás, medio arrastrándose
acuclillado, medio reptando, siguió al nativo a
través de la claustrofóbica cavidad, mientras
se sentía confundido y aplastado por el
indefinido y confuso espacio que le rodeaba.
Avanzaron penosamente hasta un lugar
donde había sido retirada una de las planchas
de acero, dejando una amplia abertura
cuadrangular, un nítido cuadrado azul
recortándose entre la negrura del acero. A
través de él, ambos hombres salieron al
exterior.
Estaban en la cima de la inmensa ciudad
viviente, a gran altura sobre el nivel del suelo.
El biólogo miró a su alrededor. El techo de la
ciudad estaba formado por un espeso
entramado de cables metálicos sostenido por
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