Page 783 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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y junto al hogar, un gran caldero de cobre que


           se usaba para preparar la comida de la


           comunidad.


              El sacerdote le señaló una de las paredes, en


           la que Jonás observó una irregular serie de


           grapas de hierro dispuestas como escalones, e



           inició la ascensión por ellos. Jonás le siguió en


           silencio, sumergiéndose en el espeso y


           asfixiante humo que se concentraba en la


           amplia bóveda de la sala.


              Al llegar al final, el sacerdote empujó una


           trampilla; el techo se abrió de pronto y se


           encontraron mirando hacia arriba, por encima



           de la falsa cubierta, hacia una caverna


           atravesada por vigas cuadradas y chirriantes


           tiras de acero que se tensaban y destensaban


           en         una          estremecedora                        danza.            Estaba


           contemplando los "huesos" y los


           "músculos" del gigantesco ser vivo que era la


           ciudad.


              La parte superior de ese espacio también era


           de planchas de acero, pero los remaches que





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