Page 1026 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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comenzó a extenderse por el horizonte
sudoccidental. Me puse en pie y di unos
pasos de baile, tal era mi júbilo. ¡Era la
confirmación dé que después de todas mis
aventuras había terminado en el día
correcto, de entre todos los posibles días, en
ese siglo remoto! Porque el resplandor era el
fuego del bosque, un fuego que yo mismo
había empezado con descuidada
despreocupación.
Luché por recordar qué había pasado a
continuación en aquella noche fatídica, la
secuencia exacta...
El fuego que había encendido era una cosa
nueva y maravillosa para Weena, y había
querido jugar con las llamas rojas; me vi
obligado a retenerla para que no se arrojase
en la luz líquida. Luego la cogí —a pesar de
sus esfuerzos— y nos internamos en el
bosque con la luz del fuego señalando el
camino.
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