Page 1027 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Pronto  dejamos  atrás  el  resplandor  de  las


                  llamas,  y  caminamos  en  la  oscuridad


                  interrumpida  únicamente  por  pedazos  de


                  cielo  azul  entrevistos  entre  las  ramas.  No


                  pasó  mucho  tiempo  en  aquella  oleosa  os‐


                  curidad antes de que oyese el sonido de pies


                  pequeños,  el  suave  arrullo  de  voces  a



                  nuestro alrededor; recuerdo un tirón en la


                  chaqueta y luego en la manga.


                  Había  dejado  a  Weena  en  el  suelo  para


                  buscar  las  cerillas,  y  hubo  una  lucha  a  la


                  altura de mis rodillas porque los Morlocks,


                  como  insectos  persistentes,  habían  caído


                  sobre su pobre cuerpo. Encendí una cerilla,



                  cuando se iluminó su cabeza vi una fila de


                  blancas caras de Morlock, iluminadas como


                  por un flash, todas vueltas hacia mí con sus


                  ojos rojo grisáceo, y entonces, en segundos,


                  huyeron.


                  Había  decidido  encender  otro  fuego  y


                  esperar  la  mañana.  Había  encendido


                  alcanfor  y  lo  había  colocado  en  el  suelo.


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