Page 139 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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En  aquel  tumulto  de  emociones,  el  dolor  de  esa


           pequeña pérdida se destacaba claro y dulce, como las


           notas de un oboe en medio del clamor de una gran


           orquesta.















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                   VIDA Y MUERTE ENTRE LOS MORLOCKS





           Un día, Nebogipfel me llevó a lo que, posiblemente,


           fuese lo más inquietante que vi en la ciudad‐cámara.



           Nos  acercamos  a  un  área,  tal  vez  de  media  milla


           cuadrada, donde las divisiones parecían más bajas de


           lo  normal.  Al  acercarnos,  comencé  a  notar  un


           incremento  en  el  nivel  de  ruido  —un  balbuceo  de


           gargantas líquidas— y un aumento acusado del olor


           a Morlock, dulzón y mustio. Nebogipfel hizo que nos


           detuviéramos en el borde de aquel espacio.


           Con mis gafas podía ver que la superficie del área


           estaba viva —se movía—, con las formas retorcidas,



           lloriqueantes y tambaleantes de bebés. Había miles


           de infantes Morlock, agarrándose con las pequeñas


           manos  y  pies  al  pelo  suelto  de  los  otros.  Se


           revolcaban,  como  monos  jóvenes,  y  utilizaban


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