Page 270 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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chapucero,  un  diletante.  No  soy  ni  un


                  político ni un profeta.


                  —No.  Pero  eres,  o  serás,  el  inventor  del


                  arma más potente que pueda imaginarse: es


                  decir, la Máquina del Tiempo.


                  —¿Qué es lo que has venido a decirme?


                  —Que  debes  destruir  la  plattnerita;



                  encuentra  otra  línea  de  investigación.  No


                  debes  desarrollar  la  Máquina  del  Tiempo.


                  ¡Eso es esencial!


                  Me miró.


                  —Es evidente que tienes una historia para


                  contar.  ¿Va  a  ser  larga?  ¿Quieres  más


                  brandy, o quizá té?



                  —No.  No,  gracias.  Seré  tan  breve  como


                  pueda.


                  De esa forma comencé mi narración, con un


                  breve resumen de los descubrimientos que


                  me habían llevado a la construcción final de


                  la máquina —y cómo la había utilizado por


                  primera vez y había viajado a la historia de


                  los Elois y los Morlocks— y lo que descubrí


                                                                                                   270
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