Page 299 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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fortaleza, para dirigir mejor a los ingenieros


                  y artilleros. —Parecía impresionado por el


                  ingenio  que  habían  invertido  en  aquel


                  monstruo para la guerra.


                  El capitán se adelantó, pero con una cojera


                  evidente. Ahora llevaba la máscara detrás y


                  su  rostro  estaba  al  descubierto.  Podía  ver



                  que esa persona era muy joven, en evidente


                  estado             de         buena              salud            —aunque


                  extraordinariamente pálida— y de un tipo


                  que  uno  asocia  con  la  marina:  alerta,


                  calmada,  inteligente  y  profundamente


                  competente. Se había quitado un guante y


                  extendía la mano hacia mí. Tomé la mano



                  ofrecida —era pequeña y la mía la envolvió


                  como si fuese la de un niño— y miré, con un


                  asombro que no podía ocultar, la cara.


                  El capitán dijo:


                  —No esperaba esta multitud de pasajeros;


                  supongo                  que           no           sabíamos                  qué


                  esperábamos, pero sean bienvenidos, y les


                  aseguro que se les tratará bien. —La voz era


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